Bret Michaels, intacto

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Simpático, comprometido con el público al que se sigue ganando no solo con una de las voces más privilegiadas del rock, sino con esos ojazos azules tan expresivos y un carisma que se pierde de vista; así es Bret Michaels, quien todavía destila la inocencia de aquel niño nacido en un pequeño pueblo de Pennsylvania en la década de los 60.

Bret Michaels sigue sorprendiendo a sus fans. Con la voz intacta, emocionando al público en sus conciertos, donde es imposible no contagiarse de su buena vibra, y la verdad es que rockear con esta estrella sigue siendo un gusto para quienes seguimos su carrera desde los años 80, y no nos conformamos con sus éxitos como frontman de Poison.

Hace poco tuvimos la fortuna de verlo actuar en el Isleta Amphiteater en Albuquerque, New Mexico, donde compartió tarima con otra banda gigante del rock europeo, Def Leppard, de quienes hablaremos en otro reportaje. Por ahora nos concentraremos en este talentoso rubio que desde el inicio se metió al público en el bolsillo, contando anécdotas personales y familiares, creando una intimidad única con las miles de personas que estaban allí. Habló de su apoyo a las fuerzas armadas de Estados Unidos, y siendo hijo de un veterano, además de sobrino de un héroe caído en la guerra, sus palabras siempre van cargadas de una emoción especial.

La apertura del concierto fue un exitazo, con una guitarra estridente que abrió paso al tema “Talk Dirty To Me”, una locura de letra que evocan los tiempos de amores juveniles. Bret saltó, cantó y siguió brincando poniendo a bailar, a sonreír y a cantar a miles de almas que, a partir de allí, se entregaron al talento de Michaels y su banda.

En medio de su presentación, se tomó un par de minutos para rendir tributo a otro gigante del rock que falleció en 2025: Ozzy Osbourne. Sus palabras dirigidas al cantante de Black Sabbath hicieron eco ante una multitud emocionada que gritó elogios al príncipe de la oscuridad.

El concierto incluyó otros temas de mucho éxito en la carrera del “bandana man”, como también se le conoce. “Fallen Angel”, “Nothin’ but a Good time”, “Your Mama Don’t Dance” y “Unskinny Bop”, entre otros, sonaron como siempre y como nunca esa noche. La parte más emocionante fue verlo tocar con una guitarra acústica “Every Rose Has its Thorn”, en medio de un ambiente íntimo con miles de linternas de teléfonos celulares encendidas para dar una iluminación especial al momento. Una canción que se volvió eterna en el recuerdo de quienes esa noche tuvimos la fortuna de verlo cantar esa letra cargada de recuerdos.

En conclusión, nos complace decir que fuimos testigos, una vez más, del talento de este hombre que, a pesar de los sustos que le ha dado su salud, y de padecer diabetes tipo 1 desde que era niño, se ve y se siente mejor que nunca. Un verdadero placer escucharlo y verlo.

¡Viva Bret Michaels!

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