Música margariteña: La parranda romántica de Lubert Pulvar

Autora: María Elena Fernández

by María Elena Fernández

La isla de Margarita, la más grande de las tres que integran el estado Nueva Esparta, Venezuela, es un emporio de historia y tradiciones. En materia musical la riqueza es inmensa. Ritmos heredados y fusionados de otras latitudes, han permitido que la isla disponga de numerosos estilos, desde las fulías y malagueñas venidas de España, hasta los ritmos caribeños aderezados con el tambor africano. 

La parranda margariteña también es parte de esa opulencia musical que disponemos. Su raíces fueron los villancicos decembrinos, canciones interpretadas en las reuniones religiosas de la época colonial, que luego se integraron a la alegría nativa y poco a poco se convirtieron en ritmos más rápidos que recogían las vivencias familiares. La Dra. Matilde Fernández en su tesis sobre la “La Parranda Navideña en el Municipio Antolín Del Campo”, expone que es producto de la integración familiar. 

La gente que se reunía en sus casas a hacer hallacas y nunca faltó quien quisiera tomar un instrumento cualquiera y hacerlo sonar rítmicamente. La alegría, la amistad, el compartir la buena comida navideña y el ambiente de un nuevo año, eran los ingredientes fundamentales para que surgiera esta forma musical de origen profano y ritmo acincopado, que hoy ha tomado más nivel luego de la intervención genial de Lubert Pulvar.

Genio musical

Lubert, nativo de Margarita, era invidente, pero con una genialidad musical innegable, sumado a su carácter de investigador, creativo, compositor y cantante, con una tenacidad que le permitió alcanzar importantes logros en su corta carrera.  Lo conocí a sus 15 años, cuando ingresó a la Fundación sociocultural Antolín del Campo, que en la década de los 90 era Banda Show. En apenas 6 meses había aprendido a tocar trompeta y se había convertido en el líder del segmento. No se conformaba con aprender un instrumento, todos los que podía los ejecutaba, cuatro, guitarra, timbales y después piano. 

Disponía de un excelente humor y muchas veces nos hacía sentir que los ciegos éramos nosotros. Imposible olvidar la perfección de su andar en los desfiles, donde par de tiras ceñidas a sus hombros le hacían dar una marcha impecable. Se fue a la Universidad Central de Venezuela y allí estudió licenciatura en Artes, en la especialidad de Promoción Cultural, a través del sistema Braille, desarrollando una impecable gestión para los invidentes a través de la Federación Venezolana de Instituciones de Ciegos. (FEVIC), como Coordinador del centro de Formación Informática para personas con Discapacidad Visual “Red Social”. 2006

Compuso numerosas canciones y varios álbumes musicales. Ganó premios como compositor en el Festival Nacional de la Voz Universitaria varias veces y recibió en dos oportunidades el Premio al Mérito Estudiantil, Mención Artístico-Cultural. Caracas, años 2003 y 2004 de la UCV.

Regresó a su isla para impulsar la parranda romántica a través del hoy famoso grupo Los Parranderos de la Paz, agrupación que creó, fundó y dirigió desde 1999.
Fueron años muy duros al principio, y luego, el éxito.  En la mayoría de los hogares neoespartanos, desde mediados de año se podían escuchar todos sus temas. Era hermoso ver a niños y adultos en sus conciertos cantando sus canciones. 

La parranda romántica sacudió al estado y marcó la orientación del crecimiento de esta forma musical, que estaba siendo dejada al rescate de las familias y anclando en generaciones anteriores. La migración venezolana alcanzó a este baluarte de nuestra música, quien presentó sus credenciales para optar a un cargo en Argentina, donde compitió con 25 invidentes de América Latina, obteniendo uno de los 7 lugares que se ofertaron para el Coro Polifónico nacional de Ciegos Carlos Roberto Larrimbe de la ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Allá se radicó con su esposa Gracielis, en procura de mejorar su salud y calidad de vida. Siguió creando, produciendo y componiendo música hermosa con temas de alabanza a Dios, cantos navideños y parrandas, entre otros. Además, desempeñó el cargo de director musical del Centro Argentino de Teatro Ciego situado en Palermo, con una sede en Nueva York. Designación que le motivaba grandemente, ya que se trataba de la producción de obras de teatro en total oscuridad ofreciendo un espectáculo singular e incluyendo en el elenco tanto a personas ciegas, como a videntes. El objetivo era crear una experiencia teatral inclusiva que permitiera a todos sumergirse en el mundo de la oscuridad. Allí, el Lubert aprovechaba cada oportunidad para compartir y celebrar la música de su tierra.

Un cáncer lo abordó generando tumoraciones en el maxilar lo que obligó a hacerse varias operaciones, en las cuales por gracia divina de Dios, salía siempre cantando todavía mejor. El año pasado, en agosto, partió de este plano a los 43 años, en medio del ánimo que siempre lo identificó, porque no dejó de cantar, crear y componer hasta el último momento, con la sutileza, sensibilidad y humildad de su hermosa personalidad.

La herencia musical

Una preocupación que compartía Lubert en sus entrevistas era la herencia musical que debe ser defendida por las nuevas generaciones. La parranda romántica le canta al amor visto desde varios ángulos; el amor de pareja, entre padre e hijo, el amor a Dios e incluso desde la óptica jocosa del margariteño en la vida cotidiana. Temas como el amor por la naturaleza y la defensa de la idiosincrasia también estaban incluidos.

Tal vez Lubert nunca ganó un Grammy, pero nos deja un legado importante que amerita propuestas para mantenerlo en el tiempo. Por ejemplo, un festival de parranda que permita la participación de agrupaciones musicales con temas inéditos. Un evento regional que promueva la aparición, formación e incorporación de agrupaciones de parranda e incluya a todos los que deseen sumarse en la defensa de esta tradición tan nuestra.

 “La parranda navideña antolinense en su trayectoria histórica social, se ha convertido en un símbolo de identidad cultural que permite mostrar el perfil del insular risueño que ama sus tradiciones y se preocupa por la conservación y vigencia de estas” (Dra. Matilde Fernández, Tesis 2021).

Hay que destacar que esta tesis doctoral es una de las pocas que atiende el tema y perfectamente encaja con la descripción de la parranda en el ámbito regional, pero se ajusta más cuando entendemos que la parranda romántica fue creada en Antolín del Campo, dónde nacieron Lubert y Los Parranderos de la Paz, municipio que además es cuna de magníficos cultores e intérpretes de la música margariteña que hay que preservar.
En la Isla hay quiénes estamos dispuestos a impulsar este proyecto que lleve, por supuesto, el nombre del genial Lubert. Sería ideal encontrar el apoyo de esos músicos, influencers, creativos e investigadores que han logrado con mucho esfuerzo y dedicación triunfar fuera del país y que desee respaldar la conservación de nuestras tradiciones y trascender es su misión musical, dando respuesta a la Venezuela que tanto anhelan.

8 respuestas

  1. Maravillosa crónica quien le dio un sentido particular a la parranda, a la malagueña, y a nuestra preciosa música margariteña.
    Gracias María Elena por recordar a Libertad❤️

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