Con mucho dolor y estupefacción la música quisqueyana vio partir a uno de sus mayores exponentes en el mundo el martes 8 de abril de 2025. El maestro Rubby Pérez fue una de las víctimas mortales del terrible colapso del techo en el local nocturno Jet Set, que acabó con la vida de decenas de personas en República Dominicana.
Desde joven, Rubby supo lidiar con la adversidad, convirtiéndose en un ejemplo de resiliencia a toda prueba. Cuando era joven quiso desarrollar una carrera como pelotero o beisbolista profesional en las grandes ligas, el máximo y más común galardón entre dominicanos, pero su sueño fue truncado porque un accidente vehicular a corta edad le dejó secuelas tan graves, que tuvo que abandonar sus sueños de jugar en la liga profesional. Una lesión permanente en su pierna izquierda marcó su vida y selló su destino.
Pero esto lo llevó al camino de la gloria que verdaderamente merecía. Estudió música en el Conservatorio Nacional de Santo Domingo, y esto lo hizo convertirse también en miembro de grupos musicales de gran importancia, incluidos Los Hijos del Rey, cerca de 1978.
El maestro Roberto Antonio Pérez Herrera, mejor conocido como Rubby Pérez, tenía una voz prodigiosa, con una capacidad de alcanzar agudos que otros ni en sueños podrían ejecutar. Era de esos que escuchabas cantar y decías en voz alta: suena mejor en vivo que en grabación, tal como ocurre con el maestro Juan Luis Guerra y su 4:40.
Rubby estuvo con el maestro Wilfrido Vargas desde 1982 hasta 1986, y gracias a ese trabajo popularizó temas que decenas de años después siguen sonando y poniendo a bailar a quien los escucha, entre ellos algunos emblemáticos como “El Africano”, “Abusadora”, “Cobarde Cobarde”, “Cuando estés con él” y “Volveré”. Esa era la voz de Rubby Pérez. Talento 100% auténtico.
Como venezolana no puedo negar la increíble influencia que el arte del maestro Pérez tuvo en nuestro pueblo, que lo conoció como parte de la orquesta del gran Wilfrido Vargas. Imposible negar que su talento quedó plasmado de forma inmortal en el tema “Abusadora” y “Volveré” o, mejor aún, en el romántico tema “Enamorado de Ella”. Letras eternas que inspiran, voces inolvidables que enamoran.
Roberto Antonio Pérez Herrera era del signo Piscis. Sensible. Nació un 8 de marzo de 1956 en Bajos de Haina, en la República Dominicana. Se casó en 1974 y se mantuvo junto a su fiel compañera, Inés Lizardo, hasta que ella abandonó la vida terrenal… ella fue su luz eterna y fuente de inspiración siempre. Su ausencia lo dejó devastado, y no era para menos, luego de permanecer juntos desde 1974 hasta 2022.
Lo que sus colegas nunca olvidarán es que su talento no se limitaba al canto, sino que también poseía un “don de gente” que, tras su desaparición física, lo convierten en leyenda. Rubby Pérez fue reconocido en 2010 por su asistencia a las víctimas del terremoto de Haití en 2010, y quienes tuvieron la dicha de conocerlo dan fe de su humildad.
El maestro Pérez se fue físicamente el 8 de abril de 2025, cuando apenas tenía 69 años de edad. El mundo fue testigo de que murió haciendo lo que más le gustaba: cantar. Para muchos, Rubby Pérez fue un artista bendecido, no solo por nacer en la tierra del merengue y desarrollarlo como los mejores, sino por abandonar la vida terrenal en tarima en esa misma tierra, donde le gustaba estar.
Hermosa reflexión sobre su partida física es la que hace una de sus amigas, Lilubeth Vilera, viuda del famoso percusionista venezolano Robert Vilera, quien estuvo a punto de compartir con él en la noche fatídica de su deceso, pues era su cumpleaños y la habían invitado a estar con la orquesta. Lilu distribuyó un mensaje en sus redes sociales comentando sobre la última conversación que tuvo con Rubby Pérez sobre la viudez, un estado que ambos, lamentablemente, compartían. Inés Lizardo, compañera del maestro Pérez, falleció en 2024.
Lilu recalca que el maestro extrañaba a su esposa y quería verla, aunque fuera por un momento, para ser feliz. Por ese motivo le preguntaba a Lilu cómo sobrellevaba la pérdida de su esposo, y le aseguró que quería ver a su pareja, por lo menos una vez más. Lilu ahora está convencida de que el maestro no solo es feliz en su nuevo plano de vida, sino que está con ella.
Descanse en Paz, maestro.
Deja usted una huella de amor, respeto y resiliencia.